Cuando era niño, solía leer el periódico y veía el telediario cada día. Leía
todo lo que se me pusiera por delante y despertara mi incipiente interés por
aprender. Años después me di cuenta que, realmente, lo que yo entendía por
aprender y estar informado era, justamente, saber lo que algunos querían
que yo y la gran masa social supiésemos. En realidad, no hacía más que
desinformarme y acrecentar la larga lista de dudas y temores que ya tenía y
que se iban acumulando. Puse atención en que sólo era una ovejita más del
gran rebaño que manejaban unos cuantos pastores. Me di cuenta de que
existen descubrimientos que se hicieron hace muchísimos años y, hoy día,
no los conocemos. Supe por qué existen organismos en cada país que
ocultan información secreta, excusándose en que lo hacen para proteger a
los ciudadanos y, en definitiva, empecé a ver con un poco más de claridad
aquel turbio Mundo que, por más que me empeñara, no lograba
comprender.
Teniendo en cuenta, entre otras, la capacidad de análisis que tenemos los
humanos, la única forma de poder controlarnos, no es otra, que hacernos
creer que la realidad es como ellos quieren que creamos. Y lo cierto es que
les salió muy bien, ya que vivimos como un canario en su jaula, pensando
que ésta representa todo lo verdadero que existe. La vida, tal y como la
percibimos, es una ilusión. Ellos pensaron que si identificábamos esa
ilusión con la realidad, nos convertiríamos en un rebaño de ovejas bastante
fácil de manipular a su antojo. Y lo cierto es que lo consiguieron. Nos
infunden miedos por doquier y vivimos en un aparente caos del que
sufrimos las consecuencias. Somos como los conejillos de indias de unos
pocos personajes que llevan demasiado tiempo jugando con nosotros. Van
moviendo fichas y, según sus jugadas, esperan a ver nuestras ignorantes e
inocentes reacciones. Deben estar partiéndose de risa, estos adorables seres,
viendo como nos desenvolvemos en esta pequeña ilusión a la que llamamos
“vida”.
Imagina que estás en un laberinto, sin saber de donde vienes, sin saber a
donde vas, ni por qué existes, ni lo que quieres… Sin saber prácticamente
nada. Alguien en una situación así, es muy fácil de manipular. Tu ego, tu
sentido de individualidad, hará que no intentes explorar, que no des muchos
pasitos. No te adentrarás a conocer una selva de un lugar desconocido, por
temor a los peligros que te puedas encontrar. Máxime si te han dicho que en
esa selva hay monstruos que se comen a los hombres.
Nos tratan como si fuésemos un niño al que le dices que no entre en esa
habitación porque si no, viene el coco y se lo comerá.
Ya desde pequeños, nos enseñan a rechazar todo aquello que no esté
preestablecido. Rechazamos al que viste diferente, al que piensa diferente,
al que habla diferente. Rechazamos todo aquello que sea diferente a lo que
nos han dicho que es. Nos han dividido tanto que, por ejemplo, encontrar
una pareja estable en esta ilusión, se torna sumamente complicado, por no
decir casi imposible. Y pienso, desde mi humilde opinión, que ya es hora
de que empecemos a vivir la verdadera realidad y de que estos señores que
nos tratan como a títeres, dejen de vivir nuestras vidas en esta ilusión
aparente. Es hora de que se acabe “El show de Truman” y de empezar a ver
las cosas desde el otro lado del velo.
Mientras tanto, seguimos analizando “la vida”, preguntándonos por qué
está como está. Indagamos en la mentira buscando verdades. Esto sólo lo
hacen unos pocos. La gran mayoría, cohibidos por todas las dudas, miedos,
temores, prejuicios… Prefieren mirar hacia otro lado y seguir su
aparentemente acomodada vida. Y en cierto modo, es lógico. Sólo que no
se dan cuenta de las consecuencias que ello conlleva.
Todos y cada uno de nosotros, hemos tenido alguna experiencia a la que no
hayamos podido darle sentido. Los que nos manipulan, simplemente te
dicen que es fantasía, ciencia ficción o que son cosas del demonio.
Automáticamente, te alejas de eso y ya no preguntas más. Solemos decir:
“bastante tengo con lo que sé, para ponerme a preguntarme cosas raras. Uf,
uf, deja, deja”. Y seguimos llevando nuestra mecánica vida, del trabajo a la
casa, la comida, la tele, damos un paseo, y luego, más de lo mismo.
¿Verdad que nos entretienen bastante bien?. Se lo han montado de
maravilla. La verdad es que merecen que les demos todos los premios que
existen. Vamos, ¡unos genios totales!.



">