EL ORDEN – CAPÍTULO 5 DEL LIBRO “LA SEMILLA” – PEDRO J. PÉREZ

El orden es importante para gran cantidad de quehaceres. Entre ellos, para
vivir. Nos empeñamos, con constancia, en seguir construyendo la casa por
el tejado. Lo que solemos hacer, es poner ladrillos a diestro y siniestro, sin
lógica ninguna. Entonces, obviamente, aquello que hemos construido, no
suele parecerse a aquello que queríamos construir. Sólo hay que observar
un poco.
Todos queremos ser felices, tener abundancia, sentirnos plenos en el
amor… Todos queremos lo mejor. Está claro que, lo que es y lo que
desearíamos que fuera, es bien diferente. Esto ocurre, principalmente, por
no saber nada, o sea, por saber únicamente aquello que te han contado y
por creértelo. Ocurre por buscar las respuestas en esa “guía de vida” que
nos han dado a base de falsos conocimientos y de experiencias concebidas
en el seno de una ilusión creada y aprendida. Ocurre porque no somos
conscientes de lo que hacemos. ¿Tiene esto solución?. Sí. Sólo que para
que ello sea posible, tendrás que eliminar esas dudas y temores, los cuales
hacen que huyas de la verdad, de la Felicidad, de la prosperidad... Tendrás
que cambiar aquello que te impide ir del infierno al cielo. Entonces, podrás
darte cuenta de cómo funciona realmente la vida. Entonces, podrás hacer la
casa utilizando un plano, desde la base, con lógica. Y esa casa será
exactamente como la imaginabas. En tu vida sólo ocurrirán los hechos que
te hagan feliz y dejarás de encontrarte en el caos aparente en el que vives.
¿Cuál es la verdad?. Pues la verdad es muy irónica. Vamos, es para partirse
de risa. Digamos que resulta gracioso, siempre y cuando no pensemos en el
enorme sufrimiento que nos causa el mantenernos en la ignorancia. Parte
de la verdad es esta: todo lo que existe es Dios. Y todo forma Uno. Es como
si fuésemos las células de un organismo. ¿Seríamos tan estúpidos de
hacerle daño al organismo que nos da la vida?. Pues sí, lo somos. En el
instante en que hacemos daño malintencionadamente a algo o alguien,
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estamos haciéndonos daño a nosotros mismos. Todo está unido, todo forma
una energía total. La energía de las personas y de todo lo que existe, se
mezcla formando la totalidad de un organismo único. Tenemos sentido de
la individualidad, porque somos los granos de arena que forma la playa.
Somos una pieza más del engranaje de la maquinaria. Y el correcto
funcionamiento de esta maquinaria, depende del correcto funcionamiento
de las piezas que la componen.
El resultado actual de nuestro comportamiento es el Mundo tal y como lo
percibimos. O sea, una mierda.
Hemos dicho que todo emite energía. Esa energía, es una onda de
información que llega a la Fuente, llega a Dios. Dios es nuestro
padre/madre y, como buen padre, intenta satisfacer los deseos de sus hijos.
Todo es perfecto. Salvo por el hecho de que no somos conscientes de la
energía que emitimos. Por lo tanto, no sabemos qué le estamos pidiendo a
Dios. El motivo por el que ocurre esto es el siguiente: dentro de nosotros
existe una parte llamada espíritu, la cual es a imagen y semejanza de Dios.
Es nuestra esencia, es lo que somos. Esta parte debería estar conectada al
procesador de nuestra mente, pero no lo está. Si estuviésemos conectados
con nuestro espíritu, la energía que emitiríamos (las peticiones que
haríamos) sería, justamente, aquello que nos hace bien. Todos seríamos
felices y comeríamos perdices. Por el contrario, lo que ocurre es que
nuestros procesadores están conectados a un gran archivo de memoria al
que no tenemos acceso desde la mente consciente. Este archivo está lleno
de basura, de negatividad acumulada en experiencias pasadas. Y es de aquí
de donde salen los deseos que le mandamos a Dios. Y él nos los concede.
Así ocurre. ¿Cómo se soluciona esto?. Podemos encontrar libros fantásticos
escritos por grandes personas, hablando continuamente de ello. Suelen
englobarse en lo que llamamos “espiritualidad”. Internet, libros, revistas,
documentales… Hay de todo. Solamente esperando a que lleguemos y
abramos nuestras mentes.
Pero les adelantaré algo. Si ya sabemos, que aquello que ocurre en el
exterior, parte de una conexión inadecuada dentro de nosotros mismos,
¿qué es lo que tenemos que hacer?. Pues, tendremos que buscar dentro y
solucionarlo. Si un televisor se avería, ¿dónde buscamos esa avería para
arreglarlo?, ¿en la nevera?, ¿en otro sitio externo al televisor?. Eso es lo
que solemos hacer.
Lo primero que debemos realizar para ver nuestro interior es meditar.
Cuando meditas, aquietas la mente, cesan los pensamientos y te
desconectas del exterior. Es entonces cuando puedes escuchar tu interior.

Existe mucha información de cómo meditar. Tanta como para parar un tren.
Así que no profundizaré en las técnicas de meditación. Como dije
anteriormente, meditando aquietamos la mente y los pensamientos.
Desconectamos el procesador de basura y nos conectamos, poco a poco,
con nuestro espíritu, con nuestra divinidad.
Al principio, puede costar un poco el desprenderse de todo pensamiento.
Pero la práctica, como en todo, hará que pronto desaparezcan. También
debemos ir eliminando esas memorias negativas que nos acompañan a
modo de lastre. Para ello, hay técnicas como el Ho´oponopono, el EFT y
otras, las cuales harán que se vayan eliminando y dejarán ese espacio para
que lo ocupe el espíritu. Estas técnicas son muy sencillas. Pueden buscar
sobre ello y encontrarán los detalles para practicarlas.
Debemos ser conscientes de que el tiempo no existe en la forma lineal con
la que lo percibimos. Cada vez que nuestra mente y nuestros pensamientos
se desplazan al pasado o al futuro, además de desplazarnos del único
momento verdadero, del presente, nos mantiene inmersos en un mundo
irreal. Todos los momentos son ahora. Todo lo que es, es ahora. De otro
modo, simplemente no existiría.

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