Son ya muchos años los que llevo investigando diferentes tipos de terapias alternativas. Y aún sumido en mi propia ignorancia, he probado de todo. Terapias naturales, terapias energéticas, masajes, chakras, reiki, Biodescodificación, Reconexión, kinesiología, medicina cuántica, medicina holística, biomagnetismo, osteopatía, chamanismo, nutrición ortomolecular, sanación Zen, terapia floral, frecuencias sanadoras, etc, etc. Y bueno, debo decir que todas ellas (más las que no he nombrado) me parecen muy interesantes y ofrecen muchas posibilidades, según los diferentes padecimientos y singularidades de la persona. De hecho, y aunque ya son muchos años de auto-aprendizaje, acabo de empezar a estudiar diferentes cursos para aprender más y también para obtener las titulaciones que en un presente continuo me pudiesen hacer falta para ejercer de terapeuta holístico... Pero también he de decir que en mi experiencia, he podido constatar que la pericia, iniciativa y vocación del terapeuta es quizás lo que marca la diferencia en todas las terapias sanadoras. Hasta hace unas semanas, había algo que aún no había probado. Tenía ganas de conocer a un sanador, de esos que nacen con ese "Don". Llevaba algunos años inmerso en una profunda ansiedad, agudizada por tensiones musculares sobrellevadas desde hace unos quince años. Y todo lo probado me había resultado paliativo en algún grado, pero no curativo. Mucho tiempo y mucho dinero en el camino, incluyendo mi propia evolución personal y espiritual. Aún siendo consciente en parte de las posibles raíces emocionales y genealógicas de mis "males" no conseguía dar con la forma de curarme. Mucho trabajo interior, meditación, oración, programación neurolingüística, autoayuda, cambio en mi visión de la vida... Y me llegó la ansiedad cuando mejor me encontraba... A veces, desde el consciente, no reconocemos las señales físicas del inconsciente o subconsciente. Más, de cualquier forma, pedí ayuda, desde mi interior y en oración, porque me encontraba en un estado semi-inerte y eso no es vida. Mucha gente no quiere curarse. Muchos no pedimos ayuda. Y otros la rechazan cuando la reciben. Pero como siempre, hay algunos que son conscientes de que la salud no tiene precio y que recuperarla es de las experiencias más sublimes de la existencia. Por eso me he decidido a escribir este post, para quién lo quiera. Hace unas semanas conocí a un señor. Humilde y sencillo, lo cual me dio impresión de grandeza. Una mirada profunda y una energía especial. Así que decidí hacerme un chequeo. Él habla de la mano, su mano derecha. Va pasando su mano por diferentes partes del cuerpo y empieza a escribir todo lo que va sintiendo. Esencialmente siente dolor y busca las raíces de las dolencias. Todo lo va escribiendo en un lenguaje muy sencillo, a su forma... Quedé sorprendido, ya que, sin conocerme de nada, todo lo que me dijo resonó en mi interior y conectaba con lo que yo mismo intuía. Así que procedí a darme la primera sesión de sanación. Y bueno, aquello me sorprendió aún más. Me tumbé en una cama, baja, de una litera. Él, con una edad cercana a los 60 años, se puso en cuclillas y encorvado empezó a hacer rotaciones con su mano derecha, en mi zona pectoral. Yo, obviamente, me sentía cómodo allí, tumbado, pero ver a ese señor en esa mala postura y con esa energía, durante siete horas, me resultó poco menos que sobrenatural. Y tenía la sensación de que me estaba quitando un gran peso de encima, sentía un gran alivio. Quedaba poco para terminar y Antonio, el sanador, fue por unas bebidas calientes. En eso ya había llegado un hombre de un pueblo de Cádiz. Me dijo que lo conocía de hacía 20 años y que le salvó la vida. Por lo visto y según me contó, tuvo problemas de estómago y empezó a consumirse de tal forma que quedó al borde de la muerte. Me contó que Antonio le localizó el origen del padecimiento en un virus en la garganta y que resultó ser el motivo de su sobrevivencia. Y bueno, según me iba contando aquello yo iba pensando en que ese sanador, que me había parecido sobrenatural por estar siete horas practicandome la curación, iba a estar otras tantas con el hombre que había llegado, lo cual le llevaría bien entrada la madrugada.
En posteriores ocasiones, fueron cinco, otras siete y hasta doce horas, con algún descanso para tomar algo. Y llegaron a mis oídos, por parte de otras personas, historias, a veces increíbles, sobre sanaciones imposibles. Y uno no termina de creer nada hasta que no lo siente y lo vive. Y como yo siento que esa persona ha sido y es una bendición en mi vida, una respuesta a mis peticiones de ayuda y un motivo de alegría y felicidad en mi existencia, les dejo este pequeño testimonio y sus datos. Y expongo, para los amantes del puño cerrado, de los que se lo gastan todo en cosas superficiales pero que luego critican airada e injustificadamente ciertas obras invalorables, que fueron cien euros cada sesión. Cien euros ganados a pulso. Más, de cualquier forma, mi salud y mi vida valen mucho más que unos cuantos cientos de euros.
Este sanador se llama Antonio, vive en Estepona (Málaga) y su teléfono es el 619201445
Pedro J. Pérez





